Oruga, crisálida, mariposa ¿Estamos viviendo el final del mundo? Texto de @Flaviacarrion

Parte del artículo. Por favor ponerse en contacto con autorías para verlo todo. He elegido este trozo porque habla de la oruga, la mariposa y las células imaginales.

Hay momentos de esta cuarentena que me hacen sentir que estamos en una película de cine “catástrofe. Luego de una serie de incendios devastadores e interminables, llega un virus incontrolable y el mundo conocido queda en suspenso. Los presidentes les dicen a los ciudadanos que no salgan de sus casas, las fuerzas armadas patrullan metiendo preso al que quiebra el estado de sitio, los profetas proclaman que el infierno está cerca, las economías se derrumban, hay cadáveres por las calles.

Sin embargo, desde un punto de vista más amplio, lo que está sucediendo es perfectamente natural.

En la Naturaleza existen muchos procesos que nos muestran que para crear algo nuevo es necesario destruir lo antiguo en un proceso profundo de disolución.

El ejemplo de la crisálida parece hecho a la medida para lo que estamos viviendo. Cuando la oruga siente que sus días como oruga han terminado, comienza un proceso destinado a evolucionar. Primero come, devora, mastica sin control hasta quedar tan gorda que casi no puede moverse. Se envuelve, entonces en un capullo apretado y fuerte, que la tendrá en cuarentena obligatoria durante un par de semanas. Al cabo de ese tiempo, lo que sale del capullo es una mariposa hecha y derecha. No una oruga con alas, sino una mariposa.

Para que esa maravilla suceda ha tenido que pasar algo terrible: dentro de la crisálida el cuerpo de la oruga se ha disuelto por completo y la sopa orgánica resultante se ha reconfigurado en mariposa, dando un salto cuántico de evolución que le permitirá encantarnos con sus colores y dedicarse a su etérea tarea de polinizar.

La disolución es un proceso necesario y me pregunto qué sentirá la oruga cuando lo está transitando. Se sabe que en su interior ocurre una verdadera batalla. En el cuerpo de la oruga existen unas células –llamadas simpáticamentecélulas imaginales”– que son clave en este proceso. Esas células poseen el plano genético maestro de una mariposa y mientras la vida de oruga marcha sin sobresaltos no tienen nada para decir. Permanecen en estado latente. Duermen. Ahora bien, en cuanto la oruga se mete en la oscuridad de su refugio, las células imaginales comienzan a despertar. Tienen una misión: transformarse en mariposa.

Por supuesto, a las células ordinarias de la oruga este arrebato no les causa ninguna gracia. Oruga hemos sido siempre y oruga seguiremos siendo, proclaman. Oruga es todo lo que está bien en el mundo. Entonces atacan a las células imaginales con toda su furia, defendiendo su modo oruga de vida y su definición de la realidad. Las células imaginales son menos, pero tienen un arma secreta: su sistema de comunicación. Incentivadas por el estado de alerta comienzan a intercambiar información a distancia con otras que hablan su misma frecuencia y eso les facilita el proceso de agruparse, organizarse y avanzar sobre el territorio del ADN oruga, hasta que no hay más remedio para la antigua masticadora de hojas. El tiempo de arrastrarse y devorar ha terminado. Todas las partes de la mariposa toman forma definitiva, y el ser alado abandona su cuarentena con un esfuerzo liberador, lleno de gracia y belleza.

Hemos vivido como orugas que todo lo comen durante demasiado tiempo. Ahora nos toca meternos en crisálida para disolver los patrones antiguos y reconfigurarnos. ¿Podemos estar seguros de que lo que emergerá será una hermosa mariposa? No lo sabemos. No está predeterminado. Las células imaginales humanas no podemos quedarnos esperando que algo suceda, que alguien nos haga evolucionar. Si vamos a crear una forma de vida más alineada con lo que soñamos vamos a tener que hacerlo nosotros mismos.

Los pequeños cambios que ya están sucediendo  

La metáfora de la crisálida nunca antes me había sonado tan pertinente. Estamos viviendo un momento de disolución de estructuras: las formas habituales de hacer las cosas se volvieron recuerdo, las rutinas y ritmos cotidianos se hicieron trizas. Estamos exactamente en la sopa dentro de la crisálida, encerrados dentro de nuestras casas, debatiéndonos con los demonios de nuestra propia mente, tratando de encontrar un poco de paz y sentido a toda esta locura.

Al principio parecía que moriríamos de pena sin contacto con los demás, pero las comunicaciones a distancia empezaron a multiplicarse y hasta mi tía -que es octogenaria y siempre rezongó contra la tecnología- se ha vuelto una experta en video llamadas y transmisiones en vivo. Nos estamos comunicando más –no sé si mejor-, intercambiando toneladas información. Mucha de esta información es basura, cierto, pero entre estadísticas de muertes por país, fake news y declaraciones demagógicas, se está filtrando algo diferente. Algo más parecido al mundo mariposa que soñamos crear.”

Fuente: @FlaviaCarrion en Instagram.

La información la saqué y ara ver todo el artículo:

Biología de la creencia en el Manantial de Caduceo

“la oruga y la mariposa tienen exactamente el mismo ADN.  Son el mismo organismo, pero reciben y responden a señales de organización diferentes.

Aquí estamos hoy.  Cuando leemos el diario y vemos las noticias de la noche, los medios están informando un mundo-oruga en degradación.  Sin embargo, en todas partes, tú y otras células imaginales humanas están despertando a una posibilidad nueva. Nos estamos agrupando, comunicando, sintonizando con una señal nueva, coherente, de amor. 

Publicado el 30 de Julio de 2014

En Biología de la Creencia http://biologyofbelief.wordpress.com/2014/07/30/what-are-an-imaginal-cells/

Traducción: Ma. Cristina Cáffaro

Fuente: El Manantial del Caduceo

De capullo a mariposa

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y se lo llevó a su casa para poder ver a la mariposa cuando saliera de el.

Un día vio que había un pequeño orificio y entonces se sentó a observar por varias horas, viendo que la mariposa luchaba por hacerlo más grande y poder salir.

El hombre vio que la mariposa forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento.

Pareció que se había atascado.

Entonces, el buen hombre decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera cortó al lado del agujero para hacerlo más grande, de manera que la mariposa pudiera salir del capullo.

Sin embargo, al salir, ella tenía un cuerpo muy hinchado y las alas pequeñas y dobladas.

El hombre esperaba que las alas se desdoblarían y que el cuerpo se contraería al reducir lo hinchado que estaba, pero no sucedió ninguna de las dos situaciones y la mariposa solamente pudo arrastrarse en círculos, con su cuerpecito hinchado y las alas dobladas. ¡Nunca pudo llegar a volar!.

Lo que el hombre, en su bondad, no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y la lucha requerida por la mariposa para salir por el diminuto agujero, era la forma en que la naturaleza enviaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que estuviesen grandes y fuertes y luego pudiese volar. Obtener la libertad y poder volar era algo que solamente podía llegar después de la lucha.

Algunas veces lo que necesitamos en la vida es la lucha. Si pudiésemos progresar sin obstáculos, nos convertiríamos en inválidos, no podríamos crecer.

¡Cuántas veces hemos querido tomar el camino fácil para salir de dificultades, tratando de usar ”tijeras” para recortar el esfuerzo que nos conducirá al éxito!.

Así como el oro es refinado con el fuego, sólo a través de nuestros esfuerzos y caídas saldremos fortalecidos.

Fuente: Internet

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