Desde Zurich viendo como las hojas no se caen “se dejan caer”

Hoy estoy en mi habitación enfrente de un lago de Zurich. Y he recibido este precioso correo sin fuente y me ha encantado. Es cierto el Universo nos está diciendo que nos soltemos. que nos sintamos felices de los cambios que nos atrevamos a vivir sin quedarnos en lo viejo.

Que nos votemos al abismo sabiendo que estamos en lo que corresponde este vestido está viejo, ahora llega algo nuevo lleno de paz y de amor, lleno de plenitud de seguridad de compasión. Ahora es el momento de soltar los conflictos y esas guerras internas a que nos apegamos con tantas ganas. Ahora es el momento de elegir de nuevo y elegir la paz y el amor y la satisfacción.

Soltemos nuestras resistencias a ser felices ahora.

Ahora es el momento de no reaccionar con desamor, ante la agresión. Es nuestro reto. Responder con amor y reaccionar con amor a lo que suceda. Ahí si que vamos a soltarnos y ser los seres libres que realmente somos. No más quedarnos en el estereotipo de lo conocido. Si a la renovación de nuestro ser. Nos permitimos confiar en nuestro Padre y que todo lo que nos sucede conviene.

Fuente: Mariposa.

“Las hojas no caen, se sueltan…

Siempre me ha parecido espectacular la caída de una hoja.

Ahora, sin embargo, me doy cuenta que ninguna hoja “se cae” sino que llegado el escenario del otoño inicia la danza maravillosa del soltarse.

Cada hoja que se suelta es una invitación a nuestra predisposición al desprendimiento.

Las hojas no caen, se desprenden en un gesto supremo de generosidad y profundo de sabiduría: la hoja que no se aferra a la rama y se lanza al vacío del aire, sabe del latido profundo de una vida que está siempre en movimiento y en actitud de renovación.

La hoja que se suelta comprende y acepta que el espacio vacío dejado por ella es la matriz generosa que albergará el brote de una nueva hoja.

La coreografía de las hojas soltándose y abandonándose a la sinfonía del viento traza un indecible canto de libertad y supone una interpelación constante y contundente para todos y cada uno de los árboles humanos que somos nosotros.

Cada hoja al aire me está susurrando al oído del alma ¡suéltate!, ¡entrégate!, ¡abandónate! y ¡confía!

Cada hoja que se desata queda unida invisible y sutilmente a la brisa de su propia entrega y libertad. Con este gesto la hoja realiza su más impresionante movimiento de creatividad ya que con él está gestando el irrumpir de una próxima primavera.

Reconozco y confieso públicamente, ante este público de hojas moviéndose al compás del aire de la mañana, que soy un árbol al que le cuesta soltar muchas de sus hojas.

Tengo miedo ante la incertidumbre del nuevo brote.

Me siento tan cómodo y seguro con estas hojas predecibles, con estos hábitos perennes, con estas conductas fijadas, con estos pensamientos arraigados, con este entorno ya conocido… Quiero, en este tiempo, sumarme a esa sabiduría, generosidad y belleza de las hojas que “se dejan caer”.

Quiero lanzarme a este abismo otoñal que me sumerge en un auténtico espacio de fe, confianza, esplendidez y donación.

Sé que cuando soy yo quien se suelta, desde su propia consciencia y libertad, el desprenderse de la rama es mucho menos doloroso y más hermoso.

Sólo las hojas que se resisten, que niegan lo obvio, tendrán que ser arrancadas por un viento mucho más agresivo e impetuoso y caerán al suelo por el peso de su propio dolor”

Fuente: Internet.

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